Los humanos no conocemos este planeta por completo, y sin embargo, tratamos de explorar otros. Somos una especie que no se ha preocupado más que de hacer evolucionar lo que tiene a su alrededor, y no en aquello que le hace humano de verdad. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Cuál es el destino de todo? Grandes preguntas para una especie que es tan pequeña como su historia, comparada con la longevidad del Universo. Grandes cuestiones para una especie que aún no ha asimilado su verdadero sentido en la Tierra.
Y no, no soy yo el que viene a responder esas grandes cuestiones -sería demasiado atrevido si tratara de hacerlo-. Sólo pretendo recuperar una pequeña luz sobre nuestra evolución, la humana, o al menos, lo que debería suscitar escuchar la palabra “humanidad”. ¿Cómo hacerlo? Simple, tan solo me he fijado en unos primos lejanos: nuestros hermanos primates africanos, los bonobos.
Hace unos 7 millones de años, tanto chimpancés como humanos, tuvimos un origen común. Tiempo después, nuestra evolución se escindió en dos ramas y dimos lugar a la especie Homo -a pesar de las discusiones aún existentes entre biólogos- frente al Pan. Durante muchos años, pensamos que el ser más parecido genéticamente a nosotros era el chimpancé común (Pan troglodytes). Sin embargo durante el siglo XX, concretamente en 1928, Ernst Schwartz descubrió una nueva especie en el Zoo de Berlín que había sido confundida durante años con chimpancés enanos. Ésta fue definida un año más tarde como “Bonobo” (Pan paniscus). A partir de ahí, los estudios se centraron en saber cuánto de humano tenía aquel primate, evolucionado hace un millón de años a partir del chimpancé común. Los japoneses descubrieron que la coincidencia genética con el ser humano resultó ser un 2% más elevada que la del Pan troglodytes. Más adelante, al estudiar su sociedad en profundidad, un rayo de esperanza brilló al final del horizonte.
Y es el que el bonobo es especial, en todos los sentidos. Desde los rasgos faciales más elaborados hasta su comportamiento social, pasando por su conducta sexual -entre otras cosas, comparten sexo y alimentos entre tribus ajenas sin rencor o carga- los convierte en unos seres excepcionales. Se agrupan en manadas dominadas por una hembra alfa, no hay peleas entre los machos y practican el sexo sin tapujos ni distinción de rango ni edad. Con una inteligencia mayor a la del chimpancé común, el bonobo sabe desarrollar ciertos aspectos de los que sólo los humanos parecían capaces. Frente a la violencia del Troglodytes, el bonobo prefiere la calma y el sosiego. Frente a la competencia y el egoísmo, la paciencia y el altruismo. Frans de Waal, en su libro Bonobo: el simio perdido, les atribuye incluso empatía, amabilidad y hasta sensibilidad. Es libre, nómada y no hace del individuo el máximo exponente de la especie si no que es el conjunto social de los mismos los que componen la magia de la misma. Desde mi punto de vista, están mucho más evolucionados en el plano social que los propios seres humanos. Nosotros hemos progresado en otras facetas y nos hemos olvidado de la que más debería importar. La humana.
De la misma manera que entre nosotros existen relaciones personales, también es así para ellos. Igual que los humanos nos estrechamos la mano, nos abrazamos, besamos o follamos, ellos también lo hacen. Aunque van un paso por delante. Los bonobos son los hippies verdaderos, son los únicos merecedores de la mítica frase “Haz el amor y no la guerra”, incluso más que eso, son verdaderos ejemplos vivos de ello. De todos es sabido que el sexo relaja tensiones y evita luchas estúpidas, yo añado que la promiscuidad dilapida a la propiedad, una de las razones básicas de casi todas las injusticias, haciéndonos así todos iguales. Los bonobos son verdaderos maestros en esas “artes” y hacen gala de ello todos los días de su vida.
Una vida basada en el tránsito, en la feminidad, en la evolución, en la generosidad y no en la violencia machista, inmovilista, caníbal y egoísta de los chimpancés. Y aunque es innegable que la huella de éstos está en nuestra sociedad, acechándonos en cada esquina con ruidos de monedas, muertos y bombas, me sigue encantando soñar que desciendo de ese adorable primate, y lamentablemente casi desconocido, llamado bonobo, para el que lo más importante no es el antes ni el después, sino el ahora.
Referencias:
lo dijo lamonjamellada el 01/10/2008 @ 12:53
lo dijo fragedis el 01/10/2008 @ 13:44
lo dijo cat el 02/10/2008 @ 19:29
lo dijo Samarkanda el 04/10/2008 @ 23:39
lo dijo angel el 05/10/2008 @ 3:03
"the infernex" es la reinvención de un juego, de un sueño y al mismo tiempo de una ilusión. Son las cenizas hechas letras de un ave fénix que espera renacer de nuevo y así emprender otra vez el vuelo de las palabras.
lo dijo Min el 01/10/2008 @ 2:00