La verdad es que ya no recordaba cuándo fue la última vez que me senté frente al ordenador, cerré los ojos, y me dejé llevar por las palabras, por el camino que ellas quisieran, por el camino que ellas me guiaran. Siempre resultaban sabias y lo más importante, hacían que pensara en lo que realmente deseaba. Eran las únicas capaces de reunir y, más aún, de ordenar mis pensamientos; tenían las riendas con las que sujetar aquel caos, aquel universo de fotografías hechas relatos que a la larga resultaron ser uno de los carretes de mi vida.
Mis palabras sin embargo son tímidas, retraídas durante mucho tiempo, cogiendo polvo en libretas que pocas veces han visto la luz del sol o escondiéndose entre el laberinto de directorios de varios discos duros; son ellas las que se negaban aún a mostrarse tal como eran, y yo como su fiel protector, las seguía resguardando en mi jardín, quizá porque aún necesitaban madurarse un poco más, para que el que las probara, fuera capaz de apreciar todos y cada uno de los sabores. Todo en esta vida evoluciona, cambia, fluye, pero nunca muere, y no es que lo diga yo, es la ciencia quien lo afirma. “La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, y eso es lo que eran ellas, capaces de mantener una ilusión, un sueño, plasmarlo frente a mi e imaginar que podía ser real, tan solo cerrando los ojos y dejándome llevar.
Sólo existe un riesgo, es el instante cuando vuelves a abrir el cajón donde descansaban, sabiendo que pueden llegar demasiado tarde, carentes del significado que algún día quisieron tener, palabras que sólo pocas personas entenderán o disfrutarán, incluso algunas que te hacen preguntarte por qué necesitabas vomitar todo aquello frente a una hoja en blanco. Pero como he dicho antes, a veces se olvida que siempre se puede volver a exprimir algo de nuevo, sea cual sea el estado en el que se esté, aún en descomposición, todo mantiene su ciclo. La energía sigue transformándose aunque sea invisible para nuestros ojos, por eso, llegó un momento en que pensé que se habían ido, sin saber que sólo debía darme cuenta que han estado siempre, evolucionando a mi lado, aunque no las haya visto.
Ese es el día pues, en el que me pregunté dónde estaba mi cosecha, sabía que no estaba muerta ni había dejado de crecer, sabía que aún podía disfrutar del jugo que me ofrecería a falta sólo de una cosa, valentía suficiente como para hacerlas salir ahí fuera. Arrancarlas de debajo de la tierra y hacerles ver la luz del sol, recolectarlas y dejarlas en un saco, lleno como un tarro de deseos, abierto con historias dispuestas a recibir mordiscos de todo tipo.
Tan sólo espero que no resulte muy doloroso y disfruteis tanto de mis palabras como espero hacerlo yo.
lo dijo Harianna el 16/09/2008 @ 0:13
lo dijo Duernu el 16/09/2008 @ 0:21
lo dijo Wiliam aka Thombjork el 16/09/2008 @ 0:24
lo dijo Kartoffel el 16/09/2008 @ 0:36
lo dijo kurioso el 16/09/2008 @ 0:49
lo dijo Seze el 16/09/2008 @ 3:54
lo dijo eclectico el 16/09/2008 @ 9:28
lo dijo aFlórez el 16/09/2008 @ 9:37
lo dijo angel el 17/09/2008 @ 3:09
lo dijo the infernex » Blog Archive » Silencio - otro diario subversivo de opinión el 27/11/2008 @ 5:13
"the infernex" es la reinvención de un juego, de un sueño y al mismo tiempo de una ilusión. Son las cenizas hechas letras de un ave fénix que espera renacer de nuevo y así emprender otra vez el vuelo de las palabras.
lo dijo fragedis el 16/09/2008 @ 0:10