Hay viejos proverbios árabes que hablan sobre el silencio, aunque sin duda el que más destaca es este: “No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio.”
El problema no es que tenga poco que decir sino tengo poco en cómo saber decirlo, no me faltan fondos pero sí formas. Y no, no quiero que sea hermoso, sería demasiado atrevido si creyera que mis palabras pueden resultar hermosas, pero lo que sí quiero es que resulten al menos coherentes, consecuentes, sinceras y ante todo, meditadas. Ha sido un mes agotador, lleno de rutinas diferentes y cambios insospechados, como en el mundo real, esta vez nunca mejor dicho. He actuado como mero espectador que ha preferido no abrir boca, al menos de momento. Eso me ha hecho más audaz, me ha calmado y me ha hecho ver las cosas de un modo diferente, al fin y al cabo, renovador.
Durante este tiempo no he sabido encontrar el momento para que las palabras volvieran a salir a flote, a veces, como dije en el primer post mis palabras son tímidas, y prefiero estar demasiado tiempo como receptor antes de volver a ser emisor, necesito nutrirme mucho de otras historias y sobre todo de todo tipo de literatura, hay que llenar el espíritu en el fondo. Pero esto no es una despedida, ni siquiera un hasta luego, es un hasta ahora mismo. Que no haya escrito en casi un mes no quiere decir que haya perdido la llama, simplemente quiere decir que tengo que buscar más ratos para soplarla y sin duda, sé que vendrán.
Se lo he prometido a muchas personas, pero sobre todo, a mí mismo. Así que mientras pienso en los próximos artículos mejor me callo un rato y os dejo tranquilos a vosotros también. No perdais ojo ya que otro gran refrán dice: “después de la tormenta llega la calma” y mi calma lleva ya demasiados días activa.
Se avecina tormenta pero mientras tanto, silencio.
Es posible que al leer este titular más de uno se sorprenda, nada más lejos de la realidad, quizá mi objetivo sea en parte ese, atraer al lector para que se interese por lo que quiero decir, puede que lo consiga o puede que no, esa es una de las armas del que escribe y creo que esta vez debía jugarla. Pero la verdad es otra, o en tal caso, complementa a la provocación inicial ya que hace tiempo que quería dar mi opinión sobre el que fue, y para mi sigue siendo, el significado real de la palabra feminismo. Sin embargo hace tiempo que ha sido relegado a segunda definición. El error, de nuevo, vuelve a ser de concepto, de representación. De cómo una palabra que hace apenas siglo y medio significaba una cosa hoy significa prácticamente algo opuesto. Es mi indignación, y quizá también la de muchos otros y otras, de cómo se puede distorsionar un mensaje o, en este caso, tan solo una palabra.
Escuchamos feminista y pensamos en una guerra de sexos, en demasiadas batallas absurdas que duran ya demasiado tiempo y lo único que consiguen es enfrentar más las posiciones, y muchas veces, por desgracia, aumentar las listas de fallecidos. Se ha equiparado al machismo con el feminismo, quizá por similitud de términos o quizá con alguna otra finalidad oculta tejida desde el bando contrario. Sea como fuere, provoca discriminación y me da igual cómo, positiva o negativamente, pero está ahí y no es lo que se buscaba hace 150 años. La misoginia del machismo ha envenenado al feminismo y lo ha convertido en una misandria que también nos envenena a nosotros. Se ha perdido el concepto original y ha sido degradado a un odio al género opuesto que nos invade cada día un poco más, seas hombre o mujer. El objetivo no es ser mejor o peor que nadie, puede que jamás lo seamos, lo que es seguro es que somos únicos, diferentes, y eso, no tiene por qué significar siempre distintos. Sonará demágogico pero tengo claro que lo esencial es luchar por la igualdad, es lo único que nos debería mover, fuera en religión, etnia, nacionalidad o lo mas importante, el género. Sin embargo, se empeñan en hacernos pensar lo contrario.
Y es que aunque la sociedad dentro del hogar siempre ha sido matriarcal, es decir, la madre y en general la mujer, ha mandado casi siempre dentro de su propia casa o entorno, no podemos ni debemos olvidar todo el patriarcado al ha sido sometida durante más de seis milenios. Hombres que han definido todas sus formas de actuar en temas políticos, legales, culturales, religiosos y sociales. Que les decían cómo vestirse, cómo hablar, cómo comportarse o incluso cómo pensar. Por suerte hace siglo y medio una idea de lucha que llevaba tiempo en el ambiente tomó forma. Caló en la clase burguesa y en la obrera, fue igual de importante en ambos bandos y por primera vez, compartía la mayoría de reivindicaciones sobre cómo los derechos de la mujer habían sido vilipendiados durante años. Así nació el feminismo, buscando la igualdad, uniendo a mujeres y hombres tratando de equiparar todos sus derechos, compartiendo las mismas obligaciones, porque no puede haber igualdad si los dos géneros no estamos unidos. Esa idea se hizo visible al mundo con el sufragismo a principios del siglo XX, no querían nada más que tener el mismo derecho que el hombre a la hora de elegir a su próximo gobernante. Algo tan simple como el voto universal aún no existía, afortunadamente y con los años, se hizo realidad. Una realidad que pudimos disfrutar en España durante la 2a República, lamentablemente, igual de rápido que llegó se fue y vuelta a la patriarquía del nacionalcatolicismo. Justo cuando debíamos gestar una diferencia, el tiempo se volvió de tormenta.
Hicieron falta más de 40 años para que la calma volviera y la mayoría de libertades nos fueran devueltas. Por desgracia, el error ya se había cometido y el feminismo que un día existió en este país había cambiado radicalmente de significado. Llevamos mucho tiempo arrastrando esa confusión, ese desvío de ideas que ha resultado ser absurdo con el tiempo, hoy lo sabemos. Por otro lado también sabemos que la sociedad sigue siendo machista. Vemos ejemplos cada día de ello, de cómo las posturas se radicalizan más y que para algunos, esos derechos que muchos queremos iguales estan tan lejos como lo estuvieron un día. Pese a todo lo que se ha avanzado, o lo que al menos dicen, sigo viendo distinciones en el mundo laboral, judicial y social. Hablo de por qué se siguen sin ofrecer oportunidades equitativas y dignas, de por qué se siguen sin cumplir muchas leyes de alejamiento y encima vemos como la justicia ni siquiera se esfuerza por echar a los que no lo evitan, tan solo los amonestan. Hablo de por qué una mujer no puede decidir libremente con su cuerpo a la hora de tener un aborto. Y eso es solo la punta del iceberg de aquí, si miramos a África o Asia podemos ver cómo una niña puede ser violada y luego encima acusada de adulterio y ser lapidada por ello, de cómo algunas culturas siguen prácticando ritos que siguen degradando a la mujer a poco más que un objeto, o de cómo puedes alquilar a una niña por menos de lo que te cuesta una cerveza y abusar impunemente de ella. Sin embargo, lo que es noticia en este país es cuando una asociación feminista retira un anuncio ya que un colectivo no sabe tener suficiente sentido del humor.
Por eso pienso que ahora más que nunca, es necesaria esa unión entre los dos géneros. Que por ejemplo y para variar, se cumplan todos y cada uno de los artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y de paso que se cumplan también el 14 y 16 de la Constitución Española, entre otros. En conclusión quiero que se vuelva al feminismo auténtico y genuino, porque si seguimos discutiendo siempre será una X enfrentada a una Y, cuando lo que necesitamos, es una unión real de XX y XY. Porque no hay igualdad ni lucha posible si cualquiera de las dos partes falla.
"the infernex" es la reinvención de un juego, de un sueño y al mismo tiempo de una ilusión. Son las cenizas hechas letras de un ave fénix que espera renacer de nuevo y así emprender otra vez el vuelo de las palabras.